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Terra
La Coctelera

El suegro

Me van a hacer una intervención. Dicen que no me va a pasar nada, es colocar una prótesis en la cadera. Tengo 76 años.
Le doy un beso a mis hijas, antes de que me preparen para lo que vine. Me ponen en la camilla y a medida que me retiro a la sala donde me van a preparar, saludo con una mano a mis dos hermosas hijas.
-Vamos viejo lindo. Una voz escucho decir a medida que dejo atrás a mis dos retoños. La tercera, no pudo venir. Era un camillero maricón, lo que me faltaba ver. Yo que le tengo fobias.
Mientras me preparan, nos reímos entre todos por los chistes sobre las mujeres. Es un lugar aséptico, blanco. Estoy sobre un banco mientras me ponen las botas de operación y quedo sin ropa. Sólo la sábana blanca.
Paso por el corredor, blanco y con luces de neón que las veo pasar una a una. Al fondo la puerta de vaivén con dos cristales redondos. Ahí, el quirófano.
Me duermen. La carnicería lleva doce horas ya. Salgo y entro de mi cuerpo, me veo flotar. Estoy asustado. Tengo miedo a morir. Nunca experimenté que se siente el salir del cuerpo. Cada vez que lo hago me veo flotar encima de la cabeza de los médicos que trabajan sobre mi cuerpo. Floto horizontal sobre el cielorraso del quirófano. Entre y salí montones de veces. Cada vez que salía, me asustaba más y más, pues no entendía que pasaba.
Luego me llevaron a algo que llaman un intensivo. Hace un frío de morirse. Tuve 4 paros cardíacos casi consecutivos. Cada vez que me hacían volver entraba al cuerpo maltrecho, ahí era donde me dolía. Así pasé 72 horas en estado de coma.
Saben lo que es el estado de coma. Es como estar dormido. Sólo que mi espíritu comenzó a vagar por todos lados. Vi mis hijas, que no la dejaban entrar. Las llamaba pero no me escuchaban. Tuve otros infartos, y de golpe deje de salir y entrar a mi cuerpo. De pronto me encontré en un lugar extraño.
Había ido para salvarme, y ahora no se donde estoy. Me encuentro confundido, el lugar se parece a mi ciudad, pero es extraño. Estoy asustado, v. mi funeral, mis hijas y mi querida esposa. Un ser negro no deja de molestarme. El se encuentra vestido de negro, posee un tridente con lo que me vive incordiando.

En un estado meditativo.
¿De que desea que escriba Don Mario?
De cómo morí.
¿Seguro?
Si
Don Mario, ¿los muertos pueden hablar a los vivos?
Se les esta prohibido.
Pero usted si pude conmigo ¿por qué?
Porque tenía cosas inconclusas en vuestro plano
¿Y tiene que resolverlas?
Si.
¿Por qué puedo hablar con usted y no otro integrante de la familia?
Porque usted fue mi yerno, y no estuvo tan involucrado sentimentalmente como el resto.
¿Cómo se que es usted?
Quien otro le va a hablar así. De peñarol y el Frente Amplio.
¿Qué tiene de inconcluso por acá?
Los lazos de familia.
Se refiere a doña Susi, quien fuera su esposa.
No sólo ella. Tiene que hablar con Silvia su cuñada, Laura mi otra hija menor.
¿Qué desea que le diga?
Que me perdonen.
¿Usted no puede decirlo?
No están preparadas, sin embargo usted si.
¿Qué le diría a su esposa?
Que la amo.
A Laura, ¿qué?
Que no se opere. Ya vio lo que me pasó. Me preocupa. Su esposo…
¿Qué pasa con Alvaro?
De nada le va a servir toda la plata del mundo, si no tiene amor.
¿Cómo?
Se van a distanciar cada vez más. Lucía su hija, la va enfrentar. Y si pasa algo, Alvaro se va alejar más de la familia de él. El amor va a quedar como una fruta seca.
¿Laura no lo percibe, Don Mario?
Ella escucha pisadas en el piso, y una brisa fría por el apto. Pero no me recibe.
¿Por?
No tiene abierto el corazón?
¿Y Silvia, Don Mario?
Se quedara sola. Su hija Nadia, se va a casar y formar una familia. Silvia supedito sus sentimientos y emociones por criarla, sola.
Veré que puedo hacer, pero ya sabe que si me meto, yo soy el que voy a salir mal parado.
Usted hable con su suegra y deje que su señora Graciela, diga lo que deba decir.

Yo, el yerno

Una noche fría

Una noche fría. Caía agua a borbotones, no alcanzaba la fuerza para caer con más intensidad. La ruta por la que usualmente transitaba a diario, se tornaba más espesa a consecuencia del tránsito.
La velocidad hubo por instantes que bajarla a cero, dado que no se lograba ver más allá del frente del coche.
Un camión cisterna, obstruía el acceso al túnel que comunicaba la ciudad donde trabajaba con el condado donde nací.
Un accidente. Un camión estaba de costado, dos coches se habían dado de frente contra el tanque de gasolina que transportaba.
Como médico me bajé presuroso para atender los heridos. Cuando estaba en ello un camión con remolque, transportando madera resbaló a causa de la ruta mojada y comenzó a patinar.
Lo vi venir impotente. Cerré los ojos y me tapé la cara como queriendo en vano frenar ese bólido sin control.
-Dios… alcancé a mencionar. Silencio.

Abrí los ojos me toco, la cara el pecho, las piernas. Nada.
¿Cómo…?
Me levanté para atender los heridos, y jalé el asa del maletín médico que a mi lado se encontraba. Mi mano siguió de largo a través de ésta.
-Raro, pensé.
Gritos, sirenas, humo.
Un señor se encontraba con la cabeza afuera del ventanal del Subaru azul. En ese instante, el conductor del camión cisterna salió a rastras de la cabina del vehículo,
Traté de ayudarlo. Le tomé del brazo y la mano siguió de largo a través de su brazo.
Cuando lo llamé, pasó a gatas a través de mí.
-¿Qué me esta pasando?
Silencio.
Un señor de blanco se acerca a mí, mirándome fijo. Lo observo, quiero preguntarle ¿qué pasa?, Me dice que estoy muerto. Me siento de bruces.
-Loco, pienso para mí.
Me quiero levantar, y asir mi maletín. No puedo.
Me dice que fallecí al golpearme el camión conteniendo maderos. La policía y los bomberos corrían y pasan a través de mi espalda. Grité. Nadie me dio corte.
Miro al hombre de vestimenta blanca, me dice -“Vamos…”.
Siento elevarme, la escena que vi se oscurece.
Ya hace un año de esto.

La calle estaba oscura, caían algunas gotas cuando quería. Un farol se encendía y se apagaba al final de la cuadra meciéndose con el viento como si de una mano se tratara.
El niño dormía placidamente en su cama. La veladora siempre estaba encendida, pues así el sueño se hacía más plácido caso contrario sufría de pesadillas.
Pasada la medianoche, la veladora junto al farol mencionado se encendía y apagaba intermitentemente.
-Mamá, mamá, el grito del niño como un ahogo cercano se hizo sentir. La madre se levantó rápidamente y acudió en ayuda de su hijo.
Lo que vio a continuación de espanto le llenó. El niño flotaba por encima de la cama en forma horizontal. El abrigo de la misma, lo cubría por entero. Un frío intenso corrió por la espalda de la mujer. El espejo de la cómoda que se encontraba frente a la cama, era un torbellino en forma de espiral como si de un ciclón se tratase, el cual quería aspirar todo lo que en esa habitación existía.
-Basta. La mujer ordenó, asiendo con una mano un amuleto que como talismán, una bruja india alguna vez le dio. El cuerpo del niño cayó súbitamente sobre su lecho. La luz dejó de encenderse y apagarse. El espejo adquirió su forma normal. Una gota de sudor surcaba por la mejilla izquierda del rapaz.
Ella se inclinó suavemente, besó la mejilla de él, le acomodó el acolchado y le apagó la veladora.
Cuando estaba por cerrar la puerta del dormitorio, lo miró y la vio placidamente dormido. Optó por entrecerrar la misma dejando la luz del corredor encendida.
En el espejo una frase parece diluirse a través de sus letras:-Hijooo, hijoo....
--Fin--